
Imprescindible es un adjetivo que a Juan Veronesi le queda muy bien porque supo ejercer esa tarea, durante toda la vida, y la supo resignificar con su coherencia siempre. Se transformó en imprescindible cuando, junto a su compañera de camino, “La Gilda”, desandaban el ejercicio de educadorxs en su amada Formosa, ese ejercicio de habitar las aulas, de comprometerse con muchas almas que encontraban en ellxs, no sólo conceptos teóricos, sino abrazos. Después, vinieron tiempos de criar hijxs propixs, de encontrarse en otro espacio, en otro territorio, está vez en Pueblo Belgrano, Gualeguaychú, Entre Rios; pero siempre con los mismos ideales, esos que hablan de seguir defendiendo la vida, de hacer de cada encuentro con otrx una celebración y de cada espacio un Altar Sagrado donde pedir permiso, entrar despacio y agradecer antes de dar el primer paso. Los años trajeron ser parte de la UAC y allí también se fue abriendo paso a eso de ser Imprescindible con esa mirada profunda, con esos ojos color de lucha y de Agua. Fue así que nos enseñó el arte de crear lazos, de construir trascendiendo fronteras, de compartir la vida y el ABRAZO Uaquero. Hoy es uno de esos días en que, quienes tuvimos el privilegio de conocer a Juan, tenemos un poco estrujada el alma, pero, a la vez, asumimos un legado y una responsabilidad enorme: seguir defendiendo la vida como lo supo hacer él, abrazar el Río, el Agua y los Buenos Vivires, como el Juan nos enseñó. Juan seguirá estando así, siempre así en todos y en cada territorio: con la sonrisa a mano y el corazón llenito de amor para compartir, con la sabiduría de haber andado la vida con paso firme, con convicciones claras, con el don de la palabra, que enseña y entiende que lo Sagrado habita en el cielo, en la tierra y en el prójimo. Aquí nos quedamos, Juan, intentando ser fieles aprendices de tu legado; por eso, seguiremos defendiendo la vida como nos enseñaste.
